jueves, 15 de diciembre de 2011

LA APARICIÓN DEL GRAN LUCAS!


El gran Lucas apareció cuando Montero aún no entraba en el gobierno de su primer alcalde ni las calles habían sido mejoradas con sistemas de drenaje estupendos para prevenir las inundaciones en épocas de lluvia. Es obvio que Montero fue otro en ese entonces, porque la innombrabilidad de los objetos, los árboles sin peligro de extinción y el cantar de los chilalos reposando en los balcones de las primeras casas fueron el delirio del día a día. Hasta hoy se siente el asombro infantil en los retratos de los pobladores primitivos por haber fundado un pueblo corridos a muerte de una ciudad grande, de haber dicho este pueblo se llama Montero en memoria suprema de nuesto paisano militar presidente de la república Lizardo Montero Flores, de haber caminado tanto por ciénagas desconocidas donde solamente crecía la alcahuasha, la yuca silvestre, el tomate chiquito, el cacao, la naranja agria y el achote, y quedarse en un valle virginal de cerros encantados por los venados y los leoncillos. Viendo al Montero de sus sueños tal como lo miraban en la realidad, viendo llover miles de golondrinas desde las ramas secas de los tres faiques secos donde cincuenta años mas tarde se edificaría la primera iglesia católica, viendo correr a los niños con canicas en las manos y manchados de miel sus cachetes, viendo su confusión y atolondramiento en las casuchas de carrizo que algunos hicieron como vivienda provisional porque Montero era otro, lo sabían, otro muy remoto desde el día en que ese invierno cruel hizo confundir en el barro y asustar para siempre a las aves malignas, a los cocodrilos gigantes, a los peces que cagaban veneno, a los insectos que volaban muy alto, a los pajaritos que se convertían en lechuzas y a aquellas treinta personas convencidas hasta el alma de que este Montero apenas fundado sería un nuevo mundo lleno de animalitos inocentes, casas de tres pisos con balcones de roble, gente buena, música bonita, mujeres con tetas vastas, alimentos eternos, centros de enseñanza total y niños por ahí, jugando en los parques inmensos o cantando yo tengo un amigo que me ama su nombre es Jesús en los colegios donde iban de tres y cuatro años con manzanas y plátanos en sus loncheras de colores.

En esas circunstancias llegó Lucas. Si recuerdo su nombre es porque guardé y cuidé tanto una carta de amor quebrantado para una muchacha de la costa que gustaba de cosas raras, según él me contaba aquella noche funesta en que, no sé cómo, se murió.